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El desquiciamiento de Correa

El presidente Correa no sabe cómo enfrentar las elecciones y menos todavía cómo facilitar la transición democrática, pacífica, de gobierno.

El Universo - Felipe Burbano de Lara 14/03/2017

La transición política que enfrenta el Ecuador con el proceso electoral tiene como telón de fondo el dramático fin de un liderazgo caudillista que vive con extrema ansiedad y angustia su retirada del poder en medio del derrumbe del proyecto revolucionario de Alianza PAIS. El presidente Correa no sabe cómo enfrentar las elecciones y menos todavía cómo facilitar la transición democrática, pacífica, de gobierno. Remueve el escenario todos los días con decisiones abruptas (como la de los militares), amenazas desestabilizadoras y llamados a la violencia.

Correa ya anticipó el rol desestabilizador que jugará si triunfa en las elecciones Lasso. Lo hizo con su habitual arrogancia y soberbia: “La mejor manera de tenerme lejos es que se porten bien. Si se portan mal, me les presento y los vuelvo a derrotar”. Quiere someternos a una conducta, mantener intocado su propio legado, o exponernos al castigo. Si se portan mal… Aún se siente invencible e insustituible. La declaración solo muestra el juego del poder caudillista: generar un vacío político hacia el futuro para volver a sentir el llamado mesiánico. La revolución ciudadana es impensable fuera de Correa. Correa no cree en nadie salvo en él. Ni siquiera cree ni respeta a Lenín Moreno.

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