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Peter Foster: ahí va el botín de los piratas que atacan a Chevron

Financial Post - Peter Foster 01/02/2017

La semana pasada, el viento estuvo prácticamente ausente para las velas de un barco pirata jurídico ecuatoriano, que apareció en aguas canadienses desde hace varios años, buscando sacar un botín gigante de la filial canadiense del gigante energético Chevron Corp.

Sin embargo, como en los grandiosos días de los piratas, tenemos que recordar que la misma persona que para unos es un pirata, para otros es un luchador de la libertad representante del estado, y este viaje fue respaldado en su totalidad por el presidente socialista de Ecuador, Rafael Correa (que a regañadientes deja su cargo este año, después de haber fracasado en amañar la constitución de su país). También fue apoyado por ambientalistas radicales, sindicatos, políticos de izquierda, y un montón de actores secundarios de Hollywood.

El capitán del barco fue un mercenario abogado estadounidense llamado Steven Donziger, quien pensaba que había ganado la lotería cuando una corte ecuatoriana ordenó a la compañía con sede en California, Chevron, a pagar US$18.5 mil millones (que posteriormente se redujeron a US$9.5 mil millones, más intereses) por presuntos delitos contra el medioambiente y la humanidad. Todo esto giró en torno a la contaminación causada por Texaco, que Chevron adquirió en 2001, cuando Texaco operaba en Ecuador hace más de 25 años.

Un problema legal bastante fundamental para llevar el caso a las jurisdicciones civilizadas, es que la banda de piratas de Donziger había -entre otros delitos y faltas graves - sobornado al juez ecuatoriano y escrito de manera clandestina la sentencia judicial.

En 2014, una corte federal de Estados Unidos dictaminó que la sentencia había sido producto de fraude y crimen organizado, incluyendo extorsión, lavado de dinero, fraude electrónico, manipulación de testigos y obstrucción de justicia, una lista de la que el capitán Jack Sparrow, el personaje de Johnny Depp, hubiese estado orgulloso. La decisión condenatoria fue confirmada unánimemente el año pasado por la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de EE. UU., que llegó a la conclusión de que la pandilla de Donziger era culpable de un "desfile de acciones corruptas".

La decisión de la primera corte federal de Estados Unidos, ha prohibido también que la sentencia ecuatoriana se ejecute en EE.UU., pero Donziger ya había zarpado hacia lo que él esperaba serían aguas judiciales más favorables. Así, la bandera pirata apareció en Toronto.

Ahí, Donziger encontró una firma local de renombre, encabezada por Alan Lenczner para representarlo. Lenczner afirmó ser movido por el hecho de que Chevron era tan rica, y los supuestos 30,000 "afectados" nativos eran tan pobres. Cierto, tal vez, pero jurídicamente irrelevante, aunque ciertamente uno tiene que admirar la tenacidad de Lenczner en mantener a flote el barco inundado de Donziger.

En 2013, un juez de Ontario dictaminó que, si bien pueden existir motivos jurisdiccionales para permitir el intento de ejecución del fallo ecuatoriano, un ejercicio de este tipo sería un desperdicio del preciado tiempo judicial canadiense, ya que Chevron Canadá no tuvo nada que ver con Ecuador, y está protegida por el "velo corporativo" de la responsabilidad limitada. Dicha sentencia fue anulada en una apelación, haciendo que Chevron solicitara un fallo de la Corte Suprema. La Corte Suprema decidió que el caso podría continuar, y fue enviado de vuelta a Ontario, donde la Corte Superior de Justicia de Ontario confirmó la semana pasada que el caso podría efectivamente continuar, pero que incluso si fuera exitoso (lo cual es muy poco probable), no habría nadie contra quien pudiera proceder su ejecución. De hecho, escribió el juez Hainey, la noción de que los activos de Chevron en Ontario pudieran ser confiscados "no solo es contraria a la ley, sino que tendría consecuencias sorprendentes y duras para los negocios de Ontario y su capacidad para atraer inversiones". Presuntamente es lo mismo para todo Canadá, donde ya hay suficientes problemas indígenas obstruyendo el sistema jurídico.

Aunque uno puede tener simpatía por los pobres nativos de la Amazonía, cuyo principal problema son las políticas de "Ecuador Primero" del presidente Correa, el problema jurídico central es que este caso está corrompido hasta la médula, y su podredumbre será un factor importante si se deriva hacia un juicio. Esto porque la Corte de Ontario ha permitido que Chevron presente los detalles de la corrupción masiva citada por los dos cortes estadounidenses como defensa.

No obstante, la Corte de Ontario permitió que el caso procediera porque le parecieron inadmisibles las menos importantes líneas de defensa de Chevron. Chevron señaló que en realidad Texaco había pagado 40 millones de dólares por trabajos de remediación ambiental cuando abandonó Ecuador, y que el gobierno la había liberado de responsabilidad posterior. La Corte de Ontario descubrió que los gobiernos podrían cambiar de opinión. Sin embargo, esa "pérdida" legal de Chevron, es un grano de arena en la playa.

Aparte del tema de corrupción, que es mucho más pertinente dada la decisión de la semana pasada, está la razón de lucha de los demandantes, ya que los activos canadienses de Chevron no están disponibles para su saqueo.

Otras expediciones legales en el extranjero no han tenido éxito ni para Donziger, ni para su pandilla. Los fiscales públicos de Argentina y Brasil han recomendado que no proceda el reconocimiento de la sentencia ecuatoriana en sus países.

Aun así, hay que dar créditos a Donziger y a su pandilla por su desfachatez. Su publicista, Karen Hinton, describió la aplastante derrota de la semana pasada como una "rotunda victoria". Mientras tanto, en su blog, Donziger confiadamente declaró que el principal dictamen de la corte será anulado con la apelación que Lenczner está elaborando.

Donziger también predijo que Chevron negociaría. Tal vez, pero entonces podríamos recordar que es bien sabido que la defensa de Chevron ha declarado que lucharía este caso hasta que el infierno se congele, y después pelearán sobre el hielo.

Toronto hasta ahora ha tenido un invierno muy suave, pero el barco de Donziger está atascado en un hielo muy grueso.

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