Ecuador en las Noticias

Correa no puede disimular su miedo y su miseria

4 Pelagatos - Martin Pallares 02/04/2020

Foto: 4 Pelagatos

Foto: 4 Pelagatos

Rafael Correa no ha podido ocultar en las últimas horas el terror que siente a por lo menos dos cosas: una, que sea vinculado al enorme despliegue de noticias -falsas y ciertas- que circulan en redes sociales cuyo propósito es crear la imagen de un país en estado de absoluta descomposición social. La segunda, que alguien ponga en duda que esa imagen apocalíptica sea real.

Correa está muy sensible y basta ver su comportamiento en Twitter para comprobarlo. Cuando este pelagato escribió la mañana del martes 1 de abril un tuit en el que manifestaba su estupor por la eficacia e impacto internacional del operativo que, es evidente, hay en redes sociales para pintar a un país en la más absoluta zozobra por la pandemia del coronavirus, Correa brincó colérico para negar que hubiera un operativo sicológico en redes. ¿Qué tiene de extraña su reacción? Sencillo: en el tuit ni se mencionaba ni se aludía a él, ni siquiera de forma indirecta. Tampoco se hablaba de su movimiento o de allegados suyos como para que se sienta ofendido. No solo eso hace de su reacción algo insólito: Correa tiene bloqueado a este pelagato desde hace al menos seis o siete años y no tiene acceso a lo que escribe, por lo que es sorprendente la velocidad con la que reaccionó. El tuit de este pelagato tampoco afirmaba que lo que dicen las redes no obedezca a la realidad sino que anotaba cierto escepticismo frente a todos los videos y noticias que lograron ser tendencia en varios países.

Correa reaccionó como el Pepito del chiste aquel que dice que cuando la maestra preguntó al niño que quién había descubierto América, éste le respondió que él no había sido. En el fondo, lo que temía es que fuera descubierto como el autor de la rotura del vidrio en su escuela. «!Yo no fui señorita, yo no fui¡», estaba gritando preso del pánico el ex presidente desde Bélgica.

Pero Correa no solo negaba estar involucrado en el operativo de redes.  También estaba dejando al descubierto su pavor a cualquier señal que pusiera en duda de que en el Ecuador se está viviendo una situación tan apocalíptica y de descomposición social, donde cientos de cadáveres están abandonados e incinerados en la calle y donde nubes de gallinazos son avistados volando sobre las funerarias y los hospitales. Que alguien abra una pequeña ventana al escepticismo frente a esa imagen, le resulta al ex presidente un sacrilegio mortal.

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