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Correa se hace santo para acorralar a Moreno

Correa sin oxígeno electoral, ensaya otra vez la fórmula que aplicó a ciertos sectores del país: subir al ring a alguien en posición de acusado.

4Pelagatos - José Hernández 20/02/2019

Foto: 4Pelagatos

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Definitivamente Rafael Correa vive en un mundo paralelo. Él y su combo creen que basta con llamar ladrón a Lenín Moreno para que una limpia se opere y ellos puedan volver a presentarse como seres impolutos, de manos limpias y corazones ardientes. Es impresionante que vuelvan a ofrecer esa rueda de molino a los ciudadanos que, en menos de dos años, han podido comprobar que una frase, atribuida al ensayista peruano Manuel González Prada, se puede aplicar con creces a sus acciones, a su gobierno y a sus amigos: “Donde se pone el dedo, salta la pus”.

Correa sin oxígeno electoral, ensaya otra vez la fórmula que aplicó a ciertos sectores del país: subir al ring a alguien en posición de acusado. Se da contra Moreno, como en su gobierno lo hizo contra empresarios, banqueros, medios y periodistas. Es la única forma que conoce de hacer política. En su estrategia (que forzó al Presidente a salir al ruedo) hay cuestiones de forma y de fondo.

El fondo, primero. Su estrategia es debilitar al máximo a Moreno, dinamitar su frágil capital político (alrededor de 35% de opinión favorable) mientras apunta a cooptar el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. Un Presidente débil y un eventual choque de trenes entre dos poderes, suscitaría un ambiente de caos sumamente favorable al residente del ático. No le sirve medirse con otros contrincantes cuyos electores ya conocen sus obras y milagros. Escoge a Moreno porque, además de querer debilitarlo, le permite acariciar el sueño de recuperar ese electorado que le fue fiel, se fue con Moreno y ahora no sabe muy bien dónde situarse porque el Presidente ni aupa Alianza País ni hace campaña.

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