El Oriente

Indígenas ecuatorianos bajo amenaza por explotación petrolera

Batallas legales entre las comunidades locales en contra del gobierno y compañías petroleras por excavaciones en un parque nacional

Financial Times 09/12/2019

Foto: Financial Times

Foto: Financial Times

La historia del parque nacional Yasuní es un clásico ejemplo de cómo las buenas intenciones por proteger el medioambiente y los derechos de los indígenas pueden verse frustradas cuando se enfrentan con la realidad de la política y los intereses de las grandes corporaciones.

A partir de su designación como parque nacional en 1979, el parque cubre 10.000 km cuadrados de bosque primario del Ecuador en la frontera oriental con el Perú.

Es uno de los lugares más diversos del planeta, con más de 200 especies de mamíferos, 550 especies de aves, 380 especies de peces y más de 2.000 tipos de árboles.  Jaguares, tapires y monos viven en su denso sotobosque cerca de delfines rosados que nadan en sus ríos.

El parque es también el hogar de los Tagaeri y los Taromenane, dos tribus ferozmente independientes que han resistido todos los intentos para integrarlos a la vida moderna.

Desafortunadamente para ellos y para el medioambiente, el Yasuní está asentado sobre grandes depósitos de petróleo, cerca del 40% de las reservas de petróleo del Ecuador están allí.

Aún antes de que fuera declarado parque nacional, Texaco había iniciado perforaciones en sus cercanías.  Actualmente, la empresa estatal Petroamazonas, la española Repsol, la italiana Agip y la petrolera china Petrochemical & Chemical Corporation (Sinopec) están trabajando dentro y alrededor del Yasuní.

En 2007, el gobierno del Ecuador, gobernado en ese entonces por el ex presidente Rafael Correa, propuso lo que parecía un ingenioso plan para proteger el extremo oriental del parque, en donde se encuentran los tres mayores depósitos de petróleo.

El Sr. Correa dijo que el Ecuador dejaría el petróleo bajo tierra si la comunidad internacional entregaba al Ecuador $3.600 millones para compensar al país por la pérdida de ingresos… los ambientalistas aplaudieron la propuesta.

Los gobiernos de occidente aclamaron el plan y lo calificaron como una propuesta inteligente para poner freno al calentamiento global. Algunos contribuyeron con fondos para el proyecto conocido como Iniciativa ITT, por los nombres de los tres depósitos de petróleo: Ishpingo, Tiputini y Tambococha.

Sin embargo, para Rafael Correa la trampa estaba en los pequeños detalles.  Los donantes de occidente querían conocer cómo se utilizaría el dinero entregado; el Sr. Correa dijo que ese era un asunto que solo le incumbía al Ecuador y en 2013 el proyecto finalmente colapsó.  “El mundo nos ha fallado”, lamentó Correa, acusando a los gobiernos de palabrerías, afirmando que nunca se comprometieron con la idea de proteger la Amazonía y de luchar contra el cambio climático.

“En teoría, la idea del ITT fue brillante, pero en la práctica nunca iba a funcionar”, sostiene Enrique Morales, un representante del movimiento indígena ecuatoriano Pachakutik.  “Los donantes querían depositar su dinero en un fideicomiso, pero Correa tenía otras ideas”.

Cuando fracasó el proyecto, el Sr. Correa dio luz verde a la industria petrolera para que expandiera sus operaciones en el parque.  En el 2016, Petroamazonas empezó las perforaciones en el campo Tiputini y el año siguiente en Tambococha, precisamente en el corazón del Yasuní.

En febrero del año pasado, el sucesor de Correa, Lenín Moreno, dio a los ambientalistas la esperanza de una posible suspensión de las actividades petroleras.  En un referéndum preguntó a los ecuatorianos si quería expandir la denominada zona intocable del parque, en donde habitan los Tagaeri y los Taromenane, a la vez que se reducía el área en la que las compañías petroleras podrían realizar sus actividades de explotación.  Dos tercios de los votantes votaron “si”.

Sin embargo desde entonces, a la vez que se ha expandido la zona protegida en donde no hay petróleo, el gobierno ha aprobado planes para nuevas perforaciones aún más al interior del parque.

“Es un engaño y una farsa”, sostiene Belén Páez, directora ejecutiva de la Fundación Pachamama, una organización ambiental radicada en Quito, al referirse al decreto presidencial del Sr. Moreno emitido en mayo, el que supuestamente debía representar el resultado del referéndum.

Con actividades de producción petrolera en el Tiputini y en Tambococha, el campo de batalla ahora se ha movido al depósito que queda: Ishpingo.

“Desde muchos puntos de vista, éste es el más importante de los tres”, afirma Carlos Larrea, el diseñador de la Iniciativa ITT y director del programa sobre el cambio climático y sostenibilidad de la Universidad Andina Simón Bolívar en Quito.

“Es el más grande y contiene cerca de la mitad de todo el petróleo del ITT; además se encuentra en el extremo sur y por tanto es el más vulnerable puesto que se encuentra en la zona intocable y está rodeado por la zona de protección”.

Petroamazonas, que actualmente está bombeando petróleo en el Tiputini y en Tambococha en sociedad con la compañía china Sinopec, se negó a comentar respecto de sus planes para Ishpingo. 

La compañía es, de lejos, el principal productor de petróleo en el Ecuador, responsable por el 80% de la producción nacional; un cuarto de este total proviene del parque nacional Yasuní. 

Mientras la lucha por el Yasuní se agudiza, en otras zonas de la Amazonía ecuatoriana las comunidades indígenas han logrado notables victorias en contra de la industria petrolera.

En marzo, los Waorani ganaron un juicio entablado en contra del estado ecuatoriano, al sostener que no los había consultado antes de entrar a su territorio ancestral para realizar perforaciones.

Los abogados sostienen que la @@sentencia@@ de la corte podría servir para establecer un precedente para que otros grupos indígenas puedan detener al futura subasta de los bloques petroleros en la Amazonía.

Este año, en una zona localizada al sur del Yasuní, el consorcio chino Andes Petroleum declaró la existencia de un evento de fuerza mayor en un contrato de exploración petrolera, al aducir que las protestas indígenas habían hecho imposible que realizaran su trabajo.

La compañía, una empresa de participación entre la china National Petroleum Company y Sinopec, aún tiene un contrato para trabajar en un área adyacente; sin embargo, sus actividades también han enfrentado muchas complicaciones.

“Queremos que ambos contratos sean anulados”, dice Marlon Vargas, presidente de la Confeniae, una confederación de grupos indígenas de la Amazonía ecuatoriana.

Mientras algunas comunidades indígenas están abiertas a la posibilidad de trabajar con las compañías petroleras, mientras esto les traiga algún beneficio, otras piensan distinto y son inflexibles en su defensa de dejar los combustibles fósiles bajo tierra.

“El petróleo es un mineral que sostiene el equilibrio de la tierra”, sostiene Manari Ushigua, un líder del pueblo Sápara, uno de los grupos que obligó a la firma china a declarar force majeure. “Los espíritus viven bajo el petróleo; la tierra tiene vida”….

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