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¿La Vicepresidenta sigue siendo un submarino?

Nunca titubeó, la señora. Nunca dudó en mentir. Hay que verla diciendo que Venezuela iba camino de mejorar todos los índices. La pobreza entre ellos.

4Pelagatos - José Hernández 27/08/2018

Foto: 4Pelagatos

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Silencio en la Vicepresidencia de la República. Un silencio preocupante y sobre todo revelador ante la urgencia nacional, que es continental, causada por la llegada de centenares de miles de venezolanos, que escapan de la dictadura de Nicolás Maduro. María Alejandra Vicuña es otra de esas correístas sumisas del pasado que ahora, cuando el gobierno de Lenín Moreno encara las consecuencias del desastre chavista y madurista, no dice nada. También para ella los refugiados son inexistentes.

Vicuña fue asambleísta hasta el 2017 y una agitadora profesional en lo que se refiere a la defensa del régimen venezolano. Si un político tiene que tener entre sus virtudes un carácter visionario y una enorme capacidad de lucidez, ella carece de los dos. Se limitó durante todos esos años a ser correa de transmisión y agente de propaganda. Y lo hizo con esa facundia impostada que ha convertido en su segunda naturaleza y no teme exhibir.

Nunca titubeó, la señora. Nunca dudó en mentir. Hay que verla diciendo que Venezuela iba camino de mejorar todos los índices. La pobreza entre ellos. Hay que oírla ensalzar la labor de Ricardo Patiño como canciller; el hombre que por poco convierte el Palacio de Najas en antro y colmó de vergüenza la política y el servicio exterior. María Alejandra Vicuña hasta febrero pasado, abogaba por el régimen de Maduro en forma tan vergonzosa como comprometedora para el gobierno en su conjunto.

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