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El Tiempo 23/02/2010

Un juez es la persona que tiene jurisdicción y competencia para juzgar aplicando la ley sobre una demanda, su respuesta y las pruebas que las partes someten a su conocimiento.

El Juez con mayúscula debería tener condiciones tales de transformar lo ambiguo, lo abstracto, lo complejo, en algo jurídicamente concreto y definitivo mediante la correcta interpretación de la ley. Esto solo se logra desde la sabiduría jurídica y desde luego con la integridad y honestidad moral personal del juzgador. Cuando varios de los jueces tienen prioridades tales como la política, el protagonismo, la mentira, el pago de favores y otros similares a la corrupción, por encima de una aplicación verdadera y única de la Justicia, la Constitución y las leyes, se llega lastimosamente a estados de podredumbre general del sistema judicial como el que vivimos a diario en Ecuador. Esto no quiere decir que no haya jueces y fiscales probos en el país, aunque cada día sean menos, sino que el delictivo accionar de muchos ha perjudicado a todo el sistema judicial, incluyendo la imagen de quienes efectivamente son probos en la administración de justicia.

El juez debe ser un ciudadano ejemplar para transmitir a la sociedad justicia verdadera y un Estado de Derecho sin discriminaciones, en el que se respeten y hagan prevalecer los derechos y garantías constitucionales de todos por igual, tanto del particular como del Estado, del pobre y del rico, independientemente de su raza, origen, cultura y del partido político al que pertenezca.

Ahí está el desafío permanente, en construir una verdadera Justicia para todos, en que los jueces y los fiscales mercenarios o ladrones no tengan más participación, porque el doloso accionar perjudica a jueces y fiscales probos así como a la sociedad.

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