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Sobornos le pone fin a una era de prepotencia y corrupción

El Telégrafo 09/04/2020

 Foto: Archivo / El Telégrafo

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En 10 años de mandato, Ecuador se hundió en una división que, incluso, afectó las relaciones bilaterales con países “no socialistas”. Contratos atados a pagos develan trama de ilegalidades.

En una división profunda cayó el país durante los 10 años en que Rafael C., sentenciado a ocho años de prisión por el delito de cohecho pasivo agravado –por el caso Sobornos 2012-2016– estuvo como gobernante.

Esa división poco a poco le fue restando a Ecuador credibilidad, sobre todo en tema de inversiones, pues las relaciones bilaterales también se afectaron, especialmente con Estados Unidos.

Las “sabatinas” se convirtieron no solo en la vitrina donde “informaba a sus mandantes”, sino que era la herramienta desde donde insultaba y descalificaba a los medios de comunicación y, asimismo, a sus opositores. Las mujeres periodistas que lo cuestionaban también fueron su blanco. A ellas les daba un trato discriminatorio y ofensivo, incluso haciendo alusión a su aspecto físico.

Un sin número de hechos fueron poco a poco mermando la aceptación que tenían hacia él quienes le dieron el voto en 2006, 2008 y 2013, cuando fue reelegido para su tercer mandato.

El estilo prepotente y confrontador con el que ejerció el poder y que en estos tiempos de crisis, desde Bélgica, lo sigue exteriorizando a través de las redes sociales, ha marcado el inicio del fin de una era a la cual la identificó como Socialismo del Siglo XXI.

Gabriela Rosas, docente de la Universidad Internacional, cree que su influencia se mantendrá por un tiempo, tomando en cuenta que aún conserva lo que se denomina “voto cautivo”, y que -dijo- no debe soslayarse. Recordó que el exmandatario trabajó esa base social durante 10 años y en general “es un grupo que sigue esos liderazgos populistas”.

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