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Un bodrio estalinista para acabar con Airbnb

4 Pelagatos - Martín Pallares 29/08/2019

Foto: 4 Pelagatos

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La persona o las personas que redactaron el reglamento supuestamente destinado a regular el servicio de hospedaje turístico mediante plataformas digitales como Airbnb, definitivamente deben pertenece a una de estas categorías:

1.- Burócrata formado e inspirado en el estalinismo radical.
2.- Funcionario, que jamás ha utilizado Airbnb o que ni siquiera ha abierto la aplicación por curiosidad y que, además, recibió la orden de aumentar la recaudación de impuestos para el Estado.
3.- Quinta columna del sector hotelero que básica y groseramente quiere eliminar cualquier tipo de competencia.
4.- La combinación de todos las anteriores.

El contenido del reglamento expedido por el Ministerio de Turismo establece tantas y tan absurdas regulaciones que, si se lo llega a aplicar tal y como está redactado, conseguiría todos los objetivos que normalmente buscarían las cuatro categorías de personas listadas. Es decir, impedir por completo que alguien pueda alquilar un cuarto o su casa a un turista (categoría 3), establecer un control absoluto de cómo se maneja la casa a través de una policía de turismo especial para el efecto (opción 1), meter al Estado hasta en los veladores de los cuartos (otra vez opción 1) o aumentar los impuestos (opción 2).

El reglamento traduce la torpe y anticuada creencia de que únicamente el Estado puede defender al consumidor, en este caso el turista. Por ejemplo, se establece una lista de servicios o estándares que debe prestar el arrendatario cuando ese es un tema completamente resuelto en la aplicación de Airbnb. Ahí el interesado mira los servicios que ofrece el posible hospedaje y decide libremente si le conviene alquilarlo o no. Pero el dueño del hospedaje puede estar mintiendo, dirá el funcionario que cree que solo el Estado puede solucionarlo todo, cuando la aplicación es y ha demostrado ser mucho más eficaz que todos los funcionarios del mundo: si el arrendatario llega al sitio y no encuentra lo ofrecido lo dirá en la aplicación y seguramente ya nadie más querrá ir a hospedarse en ese lugar.

El burócrata que redactó el reglamento pretende establecer ciertos estándares de atención cuando en estas aplicaciones es el usuario quien lo hace de acuerdo a sus preferencia y presupuesto. Es más, Airbnb tiene la categoría de Super Host, en español super anfitrión, cuando los propietarios han recibido una cantidad importante de comentarios positivos. Son esos súper anfitriones los que más posibilidades tienen de tener éxito en su afán de arrendar, gracias a la calidad de su atención y no por la lista de servicios que el funcionario del Ministerio de Turismo del Ecuador le obliga a prestar. La ignorancia puede ser tan hilarante que el reglamento llega a incluir como exigencia para el dueño de la casa o departamento tener un «libro de reclamos y sugerencias», como si no existiera el espacio para comentarios y calificaciones en la misma aplicación.

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