Caso Chevron

Chevron aparece como el chico bueno en una turbia telenovela jurídica

The Times - Ian King 30/11/2014

Son pocos los que simpatizan con las grandes petroleras; sin embargo, la difícil situación por la que atraviesa BP, víctima de inescrupulosos abogados estadounidenses que logran persuadir a las víctimas de accidentes para conseguir clientes, ha demostrado que es absolutamente razonable hacerlo ocasionalmente. Estas compañías son objetivos muy atractivos para este tipo de abogados.

Otro ejemplo podría ser Chevron. En 1994, 30.000 indígenas ecuatorianos, unidos en una coalición que se autodenomina Frente de Defensa de la Amazonía, entablaron una demanda por el supuesto vertido de residuos de perforación petrolera en la selva tropical amazónica entre 1964 y 1992 a cargo de Texaco. A lo largo de los años, los aborígenes han logrado obtener el apoyo de celebridades del mundo del espectáculo, incluyendo a Sting y Bianca Jagger.

En 2001 Texaco fue adquirida por Chevron. Para cuando el caso había sido presentado ante las cortes, en 2011 Patton Boggs, una de las firmas legales más respetadas de Washington, había sido reclutada con financiamiento parcial de Burford Capital, firma británica especializada en el “financiamiento de litigios”, un campo de rápido crecimiento en el que un inversionista puede apoyar a una de las partes involucradas en una disputa comercial, a cambio de una tajada de cualquier compensación que se pudiera lograr. Burford, presidida por Sir Peter Middleton el ex presidente de Barclays, que además cuenta con una relumbrante lista de accionistas, entre ellos Neil Woodford, contribuyó con cerca de $15 millones.

Las cortes ecuatorianas fallaron a favor de los demandantes, a pesar de que Chevron argumentó que en 1998 el gobierno del Ecuador había acordado liberar a Texaco de toda responsabilidad ambiental futura, luego de que la compañía había invertido 40 millones de dólares para limpiar el área y que gran parte de la contaminación que constituye la base de la demanda, había sido causada por Petroecuador, la firma petrolera estatal que asumió el manejo y control de los campos petroleros cuando Texaco salió del Ecuador en 1992. Chevron, la cuarta compañía petrolera en el mundo, fue sentenciada a pagar más de 18.000 millones de dólares en compensaciones, aunque el monto de la @@sentencia@@ fue reducido más tarde.

Hasta aquí, se podría decir que era algo predecible; otro caso más de la mala conducta de las grandes petroleras.

No obstante, veamos qué es lo que sucedió a continuación. Chevron analizó con sumo cuidado la @@sentencia@@ y llegó a la conclusión de que varias partes de ésta habían sido redactadas nada más y nada menos que por los mismos demandantes. Entabló una demanda en Manhattan bajo la ley RICO que persigue los casos de @@corrupción@@ y asociación ilícita y que fuera emitida en 1970 para combatir el crimen organizado, aduciendo que la demanda del Frente de Defensa de la Amazonía conformaba un caso de extorsión. La Corte de Distrito de los Estados Unidos sentenció a favor de Chevron en julio de 2012, luego de determinar que parte de la evidencia presentada en contra de la compañía en el caso original estaba “empañada por el fraude”. Entre quienes declararon para corroborar este criterio, está uno de los jueces que había presidido el caso original en el Ecuador.
Burford, ante la sospecha de algo muy turbio, se había ya distanciado de los demandantes y había vendido a un tercero sus intereses en el caso original. Kohn, Swift & Graft, otra firma legal con base en Filadelfia, también se habría retirado del caso y uno de sus abogados principales sostenía que había sido engañado por los representantes de los demandantes ecuatorianos, una acusación que por cierto ellos niegan.

Luego del pronunciamiento de la Corte de Distrito de los EEUU, Chevron enfiló contra Patton Boggs, acusándola de fraude, conspiración civil y acusación maliciosa, al tiempo que sostenía que la firma legal había estafado a Burford al haber persuadido a la firma para que se involucrara en el caso. En mayo de este año, Patton Boggs llegó a un acuerdo con Chevron, al acceder a retirarse del caso y publicar una @@declaración@@ en la que lamentaba haberse visto envuelta en el litigio.

Sin embargo, este no es el fin de la historia. Los ecuatorianos están apelando la @@sentencia@@ de la Corte de Distrito de los EEUU, apoyados por Woodsford Litigation Funding, otra firma con base en Londres, la misma que se involucró en el caso el año pasado. Junto a Woodsford está alguien cuyo nombre definitivamente no trae buenos recuerdos a Londres: Russ DeLeon, mejor recordado como uno de los cuatro fundadores que en septiembre de 2005 logró obtener casi mil millones de dólares con la salida a bolsa de PartyGaming, el negocio de póker en línea, en el que decenas de administradores de fondos perdieron hasta la camisa. DeLeon ha apoyado el caso tras bastidores por lo menos desde 2007 y se sabe que ha provisto los fondos necesarios para mantener en marcha el caso original cuando se retiró Burford. Ahora Chevron busca recuperar algunos de sus costos legales cobrándoselos a DeLeon a través de las cortes de Gibraltar en donde está radicado actualmente.

El financiamiento de litigios tiene sus méritos, pero no constituye una ayuda para ayudar a David a vencer a Goliat. Sin embargo, como afirma Michael Goldhaber, un periodista norteamericano especializado en temas legales quien ha escrito un libro sobre el caso, esta es una situación en la que “la verdad está del lado de la malvada compañía petrolera y no del carismático pequeño individuo que pelea por los indígenas de la Amazonía”.

El Sr. DeLeon tiene una excusa razonable para estar envuelto en el caso. En la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard fue compañero de Steven Donziger, el abogado principal de los demandantes, quién ha estado luchando en este caso por más de veinte años. Nadie puede culparlo por ayudar a un viejo amigo. Sin embargo, Woodsford tiene consigo a algunos pesos pesados de Londres. Su grupo consultivo sobre inversiones incluye a un ex magistrado del Tribunal Superior y su director ejecutivo es Charles Manduca, un antiguo socio de la firma londinense Lovells y hermano de Paul Manduca, presidente de Prudential. El hecho de que se hayan involucrado en el caso casi un año después del veredicto condenatorio de la Corte de Distrito de los EEUU, hace que Woodsford y el Sr. DeLeon hagan una pareja muy poco usual.