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La ligereza del Defensor del Pueblo es apabullante

El Defensor del Pueblo tuvo desde mediados de octubre del año pasado el tiempo y la autoridad necesaria para verificar que lo que decía en el informe.

Cuatro Pelagatos - Martín Pallares 28/01/2020

El Ecuador tiene a un Defensor del Pueblo que es incapaz de sostener aquello que dicen los informes que redacta.  Y lo más grave: ni siquiera es capaz de hacerlo cuando esos informes tienen que ver con un tema tan delicado como la certeza de la muerte de una persona en medio de una traumática situación de convulsión social.

Durante la rueda de prensa de hoy 27 de enero, el Defensor del Pueblo, Freddy Carrión, no pudo demostrar que la lista de muertos que la Defensoría redactó, luego de las protestas de octubre, se sustenta en información verificada y cierta. En un alarde del más refinado razonamiento cantinflesco llegó a admitir que una de las personas que en su lista aparece como muerto consta en el Registro Civil como vivo, pero que eso no hay forma de probarlo. «Aparece como vivo, pero no hay constatación de aquello».

La desdichada presentación del Defensor del Pueblo ocurrió cuando salió a dar su versión sobre un informe hecho por los estudiantes de periodismo de la Universidad de las Américas, UDLA, en el que se sostiene que uno de los muertos del informe de la Defensoría o no está muerto o simplemente no existe. Según la investigación de los estudiantes de periodismo, unas de las personas que está en la lista de la Defensoría como muerta, a consecuencia de los eventos en octubre, José Rodrigo Chaloisa Chaloisa, aparece en el Registro Civil como vivo. Además de que, en el caso que se haya cometido un error en el apellido, como dice la Defensoría, y que el verdadero apellido haya sido Chaluisa Chaluisa, simplemente no existe. Es decir, esa persona o no está muerta o no existe.

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